El acné vulgar es una enfermedad de piel común que afecta principalmente a los adolescentes, aunque puede presentarse a cualquier edad. Se define como una dermatosis inflamatoria crónica que se caracteriza por presentar comedones y lesiones inflamatorias que incluyen pápulas, pústulas y nódulos. Puede asociarse a deterioro psicológico y social, ya que puede conducir a cicatrices y depresión.
Los cuatro factores fisiopatológicos mayores que influyen en la patogénesis del acné incluyen hiperplasia de la glándula sebácea con hiperseborrea, diferenciación folicular anormal, hipercolonización del folículo con Propionibacterium acnés, inflamación y respuesta inmune.
Los tratamientos estándar del acné incluyen retinoides tópicos, peróxido de benzoilo, ácido azelaico, antibióticos e isotretinoína oral. Se indica terapia hormonal para mujeres con acné cuando se requiere isotretinoína, y cuando hay evidencia clínica o bioquímica de hiperandrogenismo adrenal u ovárico o acné de inicio tardío.
El tratamiento corriente del acné está limitado por la falta de agentes seguros y efectivos en reducir el sebo aparte de la isotretinoína y tratamiento hormonal. Debido a la teratogenicidad de la isotretinoína y el incremento de la resistencia a los antibióticos, existe una necesidad de alternativas terapéuticas a éstos tratamientos a largo plazo.